Me tumbé con ella en la cama. Nos quedamos una frente a la
otra. Mirándonos a los ojos. Le pasé el brazo por la cintura. Y ella pasó el
suyo sobre mí. Subí su camisa, y a la vez, la manta. Acaricié la piel de su
espalda, primero haciendo círculos con la yema de mis dedos, y más tarde
recorriéndola de arriba abajo con todos mis dedos, uno a uno. Notaba como se
estremecía bajo mis manos, y eso me gustaba. A mis caricias añadí besos; en su
cara, en su pelo, en su espalda y en sus brazos… Al cabo de un rato me miró muy
fijamente a los ojos, y vi como movía sus labios, en busca de unas palabras,
que no vieron la luz.
- Eso de que tengo que estar mejor sin nada… - dijo como quien
no quiere la cosa.
Yo, con las mismas, sin contestar, me tapé la cabeza cual
niño pequeño jugando al escondite. Enseguida noté una mano fría haciéndome
cosquillas. Juro que no quería salir de allí, pero la curiosidad por ver su
cara, me mataba. Total, tampoco se lo podía haber tomado tan mal… ¿No?...
Cuando había bromeado con aquello… Así que saqué la cabeza poco a poco de
debajo de la manta. Fui retirando la manta que había colocado momentos antes
sobre mí; primero, dejé de ver mi pelo, y al escuchar su risa, no pude más que
sonreír; en segundo lugar llegué hasta las cejas, aunque no las sobrepasé, y
escuché como canturreaba ‘te siento tan
lejos, el frío es eterno bajo mi piel…’ y ahí ya estallé en una sonora
carcajada; el siguiente paso fue destaparme los ojos y buscar los suyos, los
cuales me miraban divertidos, y eso me hizo tener la valentía necesaria para
terminar de destaparme la cara al completo.
- Yo… - dije con cierto miedo, pues no sabía como explicarme.
Bueno, en verdad sí que lo sabía, y muy bien. Pero no sabía como se lo tomaría
ella.
- Shhh… - me mandó a callar ella. Siempre ejerciendo de jefa.
Se acercó a mí, tanto, que pensaba que mi corazón saldría disparado del lado
izquierdo de mi pecho. Pero pasó de largo mis labios, y mis mejillas rosadas,
debido a la situación. Y posó sus labios en el lóbulo de mi oreja izquierda. En
ese momento sentí que moría, que todo salía de mí, con el simple roce de su
piel con la mía, me erizó por completo.
- Ada… Yo, no sé qué me pasa contigo. Ni conmigo misma. Pero
desde luego sé que no me ha pasado con nadie más en toda mi vida. Sé, que ayer
por la mañana, cuando me llamaste para quedar para ir a recoger la maleta, me
entró un cosquilleo tonto… Ya ves como sería, que no pude ni despedirme… - dijo
tomando aire, y con los llenos de lágrimas.- por la tarde, en el bar de Julián
estaba deseando que llegaras, para por fin conocerte. Y cuando me tuve que
marchar… Que no te pude dar ninguna explicación… Esta mañana cuando te he
visto, cuando de tu boca ha salido mi nombre… Sentí que algo dentro de mí hacía
boom
dentro de mí. El como te has comportado conmigo con todo lo que te he
contado de Pablo, sin tener que hacerlo – en ese momento interrumpió su pequeño
monólogo para comerme a besos el moflete izquierdo y parte de mi cuello. – el
como estás siendo conmigo… Que me protejas de esta manera sin a penas conocerme….
No sé, eres maravillosa. Estás haciendo que algo cambie dentro de mí, y yo sin
saber qué es…
- Shhh… - en este caso fui yo quien interrumpió su discurso.
Coloqué mi dedo índice sobre sus labios, haciendo así que los cerrara. Y me
observara. E imité paso a paso lo que ella acababa de hacer conmigo. Me acerqué
a su boca, viendo como iba entreabriendo sus labios, para que, cuando los pasé
de largo, sonriera y se mordiera el labio, esperando mi reacción. Besé su
mejilla derecha, y coloqué mis labios sobre su oreja.- Ahora me toca a mí…
Primero me gustaría hacerte una pregunta a ti… ¿Qué estás haciendo conmigo?
¿Cómo me has hecho perder la cabeza en tan poco tiempo? – dije mientras volvía
a colocar mi mano en su espalda para volver a acariciarla. - ¿Por qué desde que
aterricé todo me conduce a ti, directa o indirectamente? – en ese momento rocé
con la punta de mis labios el borde de su oreja, y sentí como se estremecía
bajo mi boca y mis manos. Me gusta esto. No sé lo que es. Pero me gusta. ¿Sabes?
Yo no hace mucho que lo dejé con la que pensaba que era la mujer de mi vida… -
antes de continuar, busqué sus ojos, necesitaba un empujón para continuar. Y lo
encontré en su boca, en su sonrisa.- Pero… aunque ella se suponía que era la
mujer de mi vida, yo la de ella desde luego que no. Aunque eso es una historia
que no viene a cuento. Yo, lo que quería decirte… Es que… Sin saberlo… Me estás
ayudando tanto…
Al final, entre caricias y confesiones pasamos la noche. A
las siete de la mañana, los primeros rayos de sol que entraban por la ventana
me despertaron. Y la vi ahí. Tan bonita,
estupenda, y yo… Yo en ese momento decidí que quería verla de ahora en
adelante en todos los amaneceres que me quedaban. Fui a darme una ducha para
arreglarme, pues yo entraba a trabajar en poco menos de una hora. Cuando salí
del baño, ella seguía como los ángeles. Con una cara celestial. Yo, siempre
había dicho que ella era preciosa, por las fotos de las entrevistas, los
videoclips, y todo. Pero, al tenerla a tan solo cinco centímetros todo cambia.
No. No es preciosa. Es más que eso. Es jodidamente perfecta. Me acerqué sin
hacer ruido hasta su cama. Acaricié su rostro, hasta que unos golpes fuertes en
la puerta la despertaron.
Buenos días. – dijo Pablo entrando por la puerta.

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