Me limité a mirarla durante unos segundos con el corazón en la mano. Ella parecía no haberse dado cuenta de mi presencia en la habitación. Tragué saliva repetidas veces, intentando, en alguna de esas ocasiones, encontrar las palabras adecuadas que rompieran el silencio que inundaba la estancia.
Quise acercarme a ella, aunque algo dentro de mi no me dejaba, estaba helada, estática, observándola a unos pocos metros de mí con la cabeza entre sus manos. Oírla sollozar, os puedo asegurar que rompía el alma hasta el más fuerte. Su risa, te transporta a un mundo de felicidad pura, ella posee esa magia. Pero su llanto, se clava en el alma como agujas, dejando un gran dolor dentro de ti.
Historia de un encuentro de Malú con una enfermera de 27 años, que hará que la vida de la artista, cambie radicalmente.
domingo, 21 de diciembre de 2014
viernes, 5 de diciembre de 2014
Capítulo 18. Libérame.
Recorrí el pasillo que separaba el escenario de los camerinos. Me paré frente a su puerta, y leí mil y una veces su nombre M A L Ú, letras en negro sobre un fondo plata. Cada vez que lo leía me inundaba algún sentimiento extraño que hacía que me abordaran unas ganas inmensas de llorar. Contuve el aliento. Levanté mi mano, y mientras la dirigía a la puerta, cerré mi puño con la intención de golpear la puerta repetidas veces, para pedir permiso para entrar al interior de la estancia, pero justo cuando mis nudillos iban a contactar con la fría superficie de madera, observé que la puerta no estaba totalmente cerrada. Me acerqué en silencio al pequeño hueco que existía entre el marco y la puerta, desde donde podía divisar su interior. Y allí estaba, el camerino que la cantante había decorado a su gusto apenas horas antes.
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