Aún recuerdo aquel día que ella regresaba a casa después de una semana en carretera, de una ciudad a otra. Desde que arreglamos las cosas, no habíamos estado tanto tiempo sin vernos. Y la necesidad de ese reencuentro era mayor a cada segundo que pasaba.
Busqué el reloj de la pared cuando decidí que era el momento de comenzar a preparar la sorpresa que había estado meditando estos siete días sin ella. Cogí a las perritas y las llevé a casa de los padres de María Lucía.
Pepi, cuando abrió la puerta, se sorprendió de verme con las mascotas de su hija. Aunque sabía que me había encargado de ellas esta semana, no esperaba que se las llevara ese mismo día, cuando a Malú le faltaban tan solo horas para regresar.
De vuelta a casa, y ahora más tranquila, marqué el número de la cantante y coloqué el manos libres.
- ¡Cariño! - escuché su voz ilusionada al otro lado del aparato.- ¡Qué ganas tengo de verte y achucharte por fin!
Sonreí. ¿Cómo no hacerlo con ella?
- Mi vida... - contesté con la misma ilusión que ella me habló segundos antes.- ¿Cómo va ese viaje de vuelta?
- Agotador... Ya te puedes imaginar. Oye... ¿Dónde estás? Se oye como si tuvieras el manos libres puesto...
- Eh...- dudé.- Sí. - me había pillado... - He ido a comprar unas cosas que se habían gastado y estoy de vuelta a casa.
- Oh... Veo que te estás convirtiendo en toda una ama de casa. De mi casa. - rió a carcajadas.
- Si no te gusta, ya sabes. Solo tienes que decírmelo y regresaré a mi pisito céntrico de soltera.
- Tus ganas, chata. Que tú estás muy bien sin vivir en un piso de soltera. Pero mejor estás viviendo conmigo. - se ofendió.
- ¿Dónde voy a estar mejor que contigo, tonta? - quise hacerle un poco la pelota. Y me pilló.
- Sí... Ahora... Y encima metiéndote conmigo... Qué mal vas. - siguió con su falso enfado.
Suspiré. A cabezona no la ganaba nadie.
- ¿A qué hora llegas exactamente cielo?
- Pues aún no hemos pasado Valdepeñas. Así que cerca de tres horitas. ¿Tantas ganas tienes de verme que vas a hacer la cuenta atrás? - pregunta picarona.
- ¿Vas sola en el coche?
- Sí. He pasado de ellos. Van demasiado lentos.
Sonrío.
- A ver si la que no aguanta más sin mi, vas a ser tú...
- Creída...
- Te quiero.
- Te como. - contestó.
- Cuándo, dónde y cómo quieras.
Se hizo un silencio entre nosotras y ambas estallamos en risas.
- Amor. - interrumpí las risas. - te tengo que ir dejando. Ya he llegado y tu zoo se me va a tirar encima y con el teléfono, las bolsas y todo no puedo.
- Vale. Enseguida nos vemos. No te tires demasiado del pelo sin mí. - rió.
- O tú sin mi. Que tú tienes que conducir. Yo voy a darme un baño de burbujas con mucha, mucha espumita.
- Cabrona. - me maldijo.
- Te loveeee. - contesté alargando la 'e', riéndome y antes de que me contestase, colgué.
Antes de bajar del coche escuché un WhatsApp. Era de ella. Una cara de enfado. A mí se me escapó una carcajada. Me encantaba picarla.
Entré al hotel que tenía reservado para esa noche. El chico de recepción, mirándome de arriba a abajo, me dio la tarjeta que daba acceso a la habitación.
Comencé a preparar las cosas. Hacía mucho tiempo que ella y yo no compartíamos una habitación de hotel. Y la última experiencia no fue muy grata. Tenía que recuperar todo el tiempo que habíamos perdido.
En primer lugar, cogí la botella de alcohol que llevaba en una de las bolsas, y un trozo de algodón. Dibujé en el espejo un gran corazón, en el que escribí su nombre, el mío, y el día que nos dimos nuestro primer beso. Bajo este, coloqué un 'no sé que pasará mañana, pero hoy solo quiero hacerte feliz'. Era perfecto.
Coloqué en la bañera de hidromasaje dos copas. A un lado, un refrigerador de champagne con su botellita rodeada de hielos.
Salí del baño y fui colocando desde la entrada a la suitte, hasta perderse bajo la cama, pétalos de rosas rojas; llené la cama de éstos, y amarillos. Y por último, en forma de flecha, hacia el baño, de color azul.
Cuando terminé de colocar pétalos y detalles, dejé una pequeña cartera de mano bajo la que decidí, sería su almohada.
Miré el reloj cuando terminé de preparar la suitte. Aún quedaba una horita para que Malú llegase a casa. Pobre... Vendría reventada de tanta carretera.
Decidí ultimar hasta el detalle más tonto.
Una vez revisé todo, salí del hotel dirección a casa de la artista. Cuando llegué, preparé su maleta, con la poca ropa que le quedaba, y la mía. Cogí todo lo que creía que podríamos necesitar.
Cuando estaba terminando de prepararlo todo, escuché como la llave encajaba en la cerradura. Miré la hora. No comprenderé nunca la capacidad que tiene para ser tan sumamente puntual.
Llegué al recibidor de la casa justo antes de que entrara más allá.
Nos fundimos en un gran abrazo, seguido de un beso con sabor a amor.
- Quietecita, que nos vamos. - dije cogiendo su mano de mi cintura.
- ¿Cómo?
- Eso, que nos vamos.- reí.
- Bueno... ¿Puedo darme una ducha al menos?
- Más tarde. - besé su cuello y la obligué a salir de la casa.
- ¿Qué has hecho con mis animalillos? Que ni en el jardín, ni cuando he entrado han venido a verme.- preguntó cuando se subió a mi coche.
- Están a buen recaudo. - sonreí. - Ven aquí. Cierra los ojos. - coloqué un pañuelo sobre sus ojos.- Aguanta, es poco tiempo.
Podía observarse en su sonrisa el nerviosismo. Conduje hasta el hotel y la subí hasta la séptima planta, donde se hallaba nuestra habitación.
Cuando entramos, estiré de un lado del lazo y se deshizo. Ella abrió los ojos y la boca, que casi se disloca la mandíbula.
- Vamos... Que tienes que encontrar una cosita.
- ¿Dónde está?
- Se me ha olvidado. - dije encogiéndome de hombros.
Revolvió la habitación entera. Hasta que bajo su almohada, encontró la cartera.
- ¿Y esto? - preguntó asombrada.
- ¿Creías que para los quince días que tienes de descanso, nos íbamos a quedar aquí?
Abrió la cartera y sacó dos billetes de avión. Y una reserva de una casa.
- Guardamar del Segura... - dijo en un susurro.
- ¿Te gusta?
- Nunca he estado allí de vacaciones. Me encanta.
Sonreí.
La cogí en brazos, y la llevé hasta el baño. Donde tomamos entre burbujas, un baño de besos y caricias.
Al salir del agua, ya arrugadas, pudo observar lo que había escrito con alcohol en el espejo, ahora que este se había empañado.
Sonrió y se abrazó a mi cuello, para comenzar un tortuoso pero increíble viaje de cosquillas por mi cuerpo.
Decidí tomármelo como que le había gustado. Pues sus labios estaban demasiado deliciosos como para romper su baile sobre los míos para preguntar con palabras, algo que me estaba demostrando con su cuerpo.
Busqué el reloj de la pared cuando decidí que era el momento de comenzar a preparar la sorpresa que había estado meditando estos siete días sin ella. Cogí a las perritas y las llevé a casa de los padres de María Lucía.
Pepi, cuando abrió la puerta, se sorprendió de verme con las mascotas de su hija. Aunque sabía que me había encargado de ellas esta semana, no esperaba que se las llevara ese mismo día, cuando a Malú le faltaban tan solo horas para regresar.
De vuelta a casa, y ahora más tranquila, marqué el número de la cantante y coloqué el manos libres.
- ¡Cariño! - escuché su voz ilusionada al otro lado del aparato.- ¡Qué ganas tengo de verte y achucharte por fin!
Sonreí. ¿Cómo no hacerlo con ella?
- Mi vida... - contesté con la misma ilusión que ella me habló segundos antes.- ¿Cómo va ese viaje de vuelta?
- Agotador... Ya te puedes imaginar. Oye... ¿Dónde estás? Se oye como si tuvieras el manos libres puesto...
- Eh...- dudé.- Sí. - me había pillado... - He ido a comprar unas cosas que se habían gastado y estoy de vuelta a casa.
- Oh... Veo que te estás convirtiendo en toda una ama de casa. De mi casa. - rió a carcajadas.
- Si no te gusta, ya sabes. Solo tienes que decírmelo y regresaré a mi pisito céntrico de soltera.
- Tus ganas, chata. Que tú estás muy bien sin vivir en un piso de soltera. Pero mejor estás viviendo conmigo. - se ofendió.
- ¿Dónde voy a estar mejor que contigo, tonta? - quise hacerle un poco la pelota. Y me pilló.
- Sí... Ahora... Y encima metiéndote conmigo... Qué mal vas. - siguió con su falso enfado.
Suspiré. A cabezona no la ganaba nadie.
- ¿A qué hora llegas exactamente cielo?
- Pues aún no hemos pasado Valdepeñas. Así que cerca de tres horitas. ¿Tantas ganas tienes de verme que vas a hacer la cuenta atrás? - pregunta picarona.
- ¿Vas sola en el coche?
- Sí. He pasado de ellos. Van demasiado lentos.
Sonrío.
- A ver si la que no aguanta más sin mi, vas a ser tú...
- Creída...
- Te quiero.
- Te como. - contestó.
- Cuándo, dónde y cómo quieras.
Se hizo un silencio entre nosotras y ambas estallamos en risas.
- Amor. - interrumpí las risas. - te tengo que ir dejando. Ya he llegado y tu zoo se me va a tirar encima y con el teléfono, las bolsas y todo no puedo.
- Vale. Enseguida nos vemos. No te tires demasiado del pelo sin mí. - rió.
- O tú sin mi. Que tú tienes que conducir. Yo voy a darme un baño de burbujas con mucha, mucha espumita.
- Cabrona. - me maldijo.
- Te loveeee. - contesté alargando la 'e', riéndome y antes de que me contestase, colgué.
Antes de bajar del coche escuché un WhatsApp. Era de ella. Una cara de enfado. A mí se me escapó una carcajada. Me encantaba picarla.
Entré al hotel que tenía reservado para esa noche. El chico de recepción, mirándome de arriba a abajo, me dio la tarjeta que daba acceso a la habitación.
Comencé a preparar las cosas. Hacía mucho tiempo que ella y yo no compartíamos una habitación de hotel. Y la última experiencia no fue muy grata. Tenía que recuperar todo el tiempo que habíamos perdido.
En primer lugar, cogí la botella de alcohol que llevaba en una de las bolsas, y un trozo de algodón. Dibujé en el espejo un gran corazón, en el que escribí su nombre, el mío, y el día que nos dimos nuestro primer beso. Bajo este, coloqué un 'no sé que pasará mañana, pero hoy solo quiero hacerte feliz'. Era perfecto.
Coloqué en la bañera de hidromasaje dos copas. A un lado, un refrigerador de champagne con su botellita rodeada de hielos.
Salí del baño y fui colocando desde la entrada a la suitte, hasta perderse bajo la cama, pétalos de rosas rojas; llené la cama de éstos, y amarillos. Y por último, en forma de flecha, hacia el baño, de color azul.
Cuando terminé de colocar pétalos y detalles, dejé una pequeña cartera de mano bajo la que decidí, sería su almohada.
Miré el reloj cuando terminé de preparar la suitte. Aún quedaba una horita para que Malú llegase a casa. Pobre... Vendría reventada de tanta carretera.
Decidí ultimar hasta el detalle más tonto.
Una vez revisé todo, salí del hotel dirección a casa de la artista. Cuando llegué, preparé su maleta, con la poca ropa que le quedaba, y la mía. Cogí todo lo que creía que podríamos necesitar.
Cuando estaba terminando de prepararlo todo, escuché como la llave encajaba en la cerradura. Miré la hora. No comprenderé nunca la capacidad que tiene para ser tan sumamente puntual.
Llegué al recibidor de la casa justo antes de que entrara más allá.
Nos fundimos en un gran abrazo, seguido de un beso con sabor a amor.
- Quietecita, que nos vamos. - dije cogiendo su mano de mi cintura.
- ¿Cómo?
- Eso, que nos vamos.- reí.
- Bueno... ¿Puedo darme una ducha al menos?
- Más tarde. - besé su cuello y la obligué a salir de la casa.
- ¿Qué has hecho con mis animalillos? Que ni en el jardín, ni cuando he entrado han venido a verme.- preguntó cuando se subió a mi coche.
- Están a buen recaudo. - sonreí. - Ven aquí. Cierra los ojos. - coloqué un pañuelo sobre sus ojos.- Aguanta, es poco tiempo.
Podía observarse en su sonrisa el nerviosismo. Conduje hasta el hotel y la subí hasta la séptima planta, donde se hallaba nuestra habitación.
Cuando entramos, estiré de un lado del lazo y se deshizo. Ella abrió los ojos y la boca, que casi se disloca la mandíbula.
- Vamos... Que tienes que encontrar una cosita.
- ¿Dónde está?
- Se me ha olvidado. - dije encogiéndome de hombros.
Revolvió la habitación entera. Hasta que bajo su almohada, encontró la cartera.
- ¿Y esto? - preguntó asombrada.
- ¿Creías que para los quince días que tienes de descanso, nos íbamos a quedar aquí?
Abrió la cartera y sacó dos billetes de avión. Y una reserva de una casa.
- Guardamar del Segura... - dijo en un susurro.
- ¿Te gusta?
- Nunca he estado allí de vacaciones. Me encanta.
Sonreí.
La cogí en brazos, y la llevé hasta el baño. Donde tomamos entre burbujas, un baño de besos y caricias.
Al salir del agua, ya arrugadas, pudo observar lo que había escrito con alcohol en el espejo, ahora que este se había empañado.
Sonrió y se abrazó a mi cuello, para comenzar un tortuoso pero increíble viaje de cosquillas por mi cuerpo.
Decidí tomármelo como que le había gustado. Pues sus labios estaban demasiado deliciosos como para romper su baile sobre los míos para preguntar con palabras, algo que me estaba demostrando con su cuerpo.

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