domingo, 21 de diciembre de 2014

Capítulo 19. Ni un paso atrás.

Me limité a mirarla durante unos segundos con el corazón en la mano. Ella parecía no haberse dado cuenta de mi presencia en la habitación. Tragué saliva repetidas veces, intentando, en alguna de esas ocasiones, encontrar las palabras adecuadas que rompieran el silencio que inundaba la estancia.
Quise acercarme a ella, aunque algo dentro de mi no me dejaba, estaba helada, estática, observándola a unos pocos metros de mí con la cabeza entre sus manos. Oírla sollozar, os puedo asegurar que rompía el alma hasta el más fuerte. Su risa, te transporta a un mundo de felicidad pura, ella posee esa magia. Pero su llanto, se clava en el alma como agujas, dejando un gran dolor dentro de ti.


- Malú... - rompí el silencio con una voz sumida también en lamentos.
Su respuesta fue silencio. La ausencia de sonido más grande que he presenciado. O al menos, eso me pareció.
Me acerqué a ella, despacio, sin precipitarme. En ese momento el miedo me consumía por dentro, y podía observar como la cantante temblaba, exteriorizando también el suyo.
Me senté a su lado en el colchón, mirando la pequeña parte de su rostro que dejaba ver entre los mechones de su cabello. Mis manos, como lo que me pareció un acto reflejo, corrieron rápidamente a secar sus lágrimas, y a acariciar su piel para intentar tranquilizarla. Y aunque en un principio ella no quería dejarse querer, sucumbió a mis brazos, abrazándome esta vez ella a mi, tan fuerte como supo. Y yo a ella. Nos dejamos caer sobre el colchón, y tras un buen rato en silencio, mirándonos a los ojos y acariciándonos mutuamente como si fuéramos cristal fino, como si pudiéramos desquebrajarnos si nos tocáramos un poco más fuerte de lo debido, pude ver como los labios de Malú se preparaban para hablar, pero no la dejé. Posé mi dedo índice sobre ellos. Ella contestó este gesto dejándome un beso en él. Me recorrió un escalofrío de cabeza a pies. Vi como una media sonrisa salía de su boca. Sonreí al verla. Nos pegamos un poco más la una a la otra.
Decidí que era el momento de comenzar a hablar, de explicarle todo lo que pensaba, todo lo que sentía, todo lo que yo creía, y que tal vez estaba muy desencaminada, pero así era.

- Creo que te debo una explicación.... - dije muy bajito, tanto, que parecía que ni yo misma estaba convencida de lo que iba a hacer.
Malú suspiró.
- No se si la quiero, lo que sí quiero es que no te vayas de aquí, de mi lado, por favor... - contestó.
- Te quiero, Lu, te quiero. Pero...
- ¿Pero qué?...
- Tengo miedo. - escondí mi cabeza entre sus brazos y su pecho.
- ¿Miedo? ¿A qué?
- A perderte...
La cantante soltó una pequeña risa. Y me obligó a mirarla a los ojos.
- Pero tonta, no me vas a perder...
- Ya... Pero... ¿Y si...?
- No hay 'y si...' que valga, Confía en mi. - dijo colocando mi pelo a su gusto.
- ¿Y Jessica? - pregunté, con la voz temblando.
Palideció. Y yo tragué su saliva al ver su reacción.
- ¿Qué pasa con Jessica? - intentó disimular.
- Malú... Os vi hoy antes del concierto... Y ya llevo tiempo así... Siempre os perdéis juntas...
- No es lo que crees, de verdad.
Cerré los ojos, deseando poder creerme lo que me estaba diciendo.
- Entonces... ¿Qué es?
- No te lo puedo decir... Pero confía en mi, por favor...

No contesté, pero volví a hundir mi cabeza en su pecho. Esta vez, su contestación fue abrazarme fuerte, y guardar silencio. No me quería marchar, pero tampoco sabía si estaba preparada para quedarme... María Lucía necesitaba tranquilidad para sus espectáculos y yo estaba en un vaivén continuo de sentimientos.



Las agujas del reloj marcaban ya las doce del medio día, y una fina lluvia comenzaba a mojar las calles de Madrid de aquel mediado de Mayo cuando mis pies tocaron el suelo de la ciudad. Dejaba atrás por lo menos un tiempo, una historia increíble con la mujer de mi vida. Al salir de la estación pedí un taxi para que me llevara a casa.
Cuando me subí a él empecé a recordar cada momento que habíamos vivido la noche anterior. Como, al final, decidimos juntas entre las dos poner distancia de por medio. Malú seguiría con su gira. Y yo... Yo volvería a la rutina diaria de la ciudad. Pero esta vez, sin ella.
Volver a subir a mi piso, donde a penas unos días antes había estado con ella recogiendo mis pertenencias para marchar juntas... Era algo que prometía mucho, sin duda.
Tengo que decir que es verdad, que tras la explicación que me dio la cantante acerca de lo sucedido con Jessica, parte de mi se decidía a quedarse con ella. Pero otra parte, supongo que la más sensata, se puso de acuerdo con la de ella para reconocer que era mejor alejarme del mundo que rodeaba a la que seguía siendo mi vida.
Jessica, como yo había podido observar, nos había calado desde el primer día. Ella siempre había ido tras Malú pero nunca había conseguido sus propósitos. Cuando a mi me incluyó en sus planes, en su vida, en su gira, la ayudante de montaje entró en cólera con la cantante. Y sucumbió a la peor de las opciones: el chantaje. María Lucía, antes de que Jessica le buscara problemas, decidió acceder, a citarse con ella y mantener una amistad especial sin llegar a sobrepasar ciertos límites.
Cuando mis oídos escucharon el relato de la cantante esa noche, no pude más que romper a llorar y abrazarme a ella como una desesperada.
La decisión de separarnos había llegado a nosotras para así, poder romper la cadena con la que Jessica creía tener sobre Malú gracias a mi.
Era un dolor insoportable tener que estar tan lejos de ella, y saber que, sin embargo, ellas dos estaban tan cerca.
Nuestro plan era el siguiente: mientras Lula convencía a Jessica que lo nuestro había acabado, yo tenía que localizar a Pablo, y convencerlo de que lo que vio en aquella casa aquel fatídico día, no era lo que parecía. En mi imaginación quedaba como hacer que pareciese otra cosa. El mayor problema que se presentaba, era que entre nosotras no podíamos establecer conexión, por eso de que nunca se sabe...

Cuando quise darme cuenta ya estaba en la puerta de casa con el taxista preguntándome dónde deseaba apearme del vehículo.
Pagué el dinero del transporte, y subí a casa. Una vez arriba, y después de acomodar nuevamente las cosas decidí que no iba a esperar demasiado tiempo para volver a reunirme con Malú. Saldría después de comer a buscar a Pablo. Habría que empezar por algún lado, y cuanto antes mejor.

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