viernes, 5 de diciembre de 2014

Capítulo 18. Libérame.

Recorrí el pasillo que separaba el escenario de los camerinos. Me paré frente a su puerta, y leí mil y una veces su nombre M A L Ú, letras en negro sobre un fondo plata. Cada vez que lo leía me inundaba algún sentimiento extraño que hacía que me abordaran unas ganas inmensas de llorar. Contuve el aliento. Levanté mi mano, y mientras la dirigía a la puerta, cerré mi puño con la intención de golpear la puerta repetidas veces, para pedir permiso para entrar al interior de la estancia, pero justo cuando mis nudillos iban a contactar con la fría superficie de madera, observé que la puerta no estaba totalmente cerrada. Me acerqué en silencio al pequeño hueco que existía entre el marco y la puerta, desde donde podía divisar su interior. Y allí estaba, el camerino que la cantante había decorado a su gusto apenas horas antes.

Una carcajada que venía desde el interior de la habitación rompió el silencio en el que estaba sumido el camerino y del frío pasillo en el que me hallaba de incógnito.

- Malú... - dijo Jessica con un tono divertido. Tan solo el oír el nombre de la mujer de mi vida de sus labios, hizo que me recorriera un escalofrío de cabeza a pies.
- ¡Sigo cambiándome! - pude oír la melodiosa voz de la cantante desde algo más lejos que la de Jessica, algo que he de admitir que me tranquilizó.
- Cuando puedas ven, estoy en el sofá.
- ¡Estoy terminando! ¡Enseguida voy! - contestó María Lucía con lo que me pareció un tono de ilusión.

Ada, te están comiendo los celos.... Malú te quiere. Y sabe lo que hace. Seguro que todo tiene una explicación. Me dije a mi misma.

Oí los pasos de unos tacones al otro lado de la pared. La cantante ya se había cambiado... Y qué bien le sentaba la ropa del show. Me volvía loca.


Vi como Jessica se levantaba del sofá a toda prisa para cogerla en volandas. Otra carcajada que recorrió, de nuevo, la estancia y el pasillo. Volví a mirar. Malú ya estaba en el suelo. Mientras ella la rodeaba con sus brazos. Quise observar como estaba la cantante respecto a la ayudante de montaje. Pero en ese momento, escuché unos pasos por detrás. Decidí marcharme antes de que me pillaran. Ya había visto bastante. Sería lo mejor.

Daban ya las diez en punto de la noche, y las primeras notas del piano que daban paso a la voz de María Lucía comenzaban a romper el silencio de todo el recinto, incluidos los pasillos. Esos mismos en los que yo me hallaba, encogida, con la cara empapada por mis lágrimas saladas. Minutos antes de que comenzara el espectáculo, de que cada uno fuera a colocarse para dar rienda suelta a dos horas del gran espectáculo, su voz, nombrándome, los recorrió. Y yo, como una niña aún de chupete, me escondí de ella. En ese momento no podía verla. No aguantaría mi furia interior hacia ella, hacia ella y hacia Jessica.
Tras el segundo descanso del show, y todavía dolida, decidí escribirle una nota.

'Malú, he decidido marcharme. No me encuentro bien de ánimos y ya no hago falta en el equipo, no por ahora. Me marcharé andando, prefiero no molestar a nadie de la organización y no tengo derecho a llevarme tu coche. Regresaré a Madrid. Prometo llamarte en unos días. De verdad. Tú sigue tan espectacular como estás ahora. Estás pletórica, mi vida... Para cuando llegues al hotel ya habré recogido las cosas. Tranquila, cielo. Sé que todo esto será para bien. Cuídate, que sabes que te observaré desde dónde esté. Y sonríe, que tu cara no se vea rota por una sola lágrima, no por mi.
Un gran beso y un abrazo con todo mi corazón, que ya es tuyo. Siempre tuya... Ada.'

De camino a la puerta trasera me crucé con José, ya que él, junto con los demás miembros de la manda, a falta de Rubén y la cantante, estaban descansando.

- Cuñadita... ¿Dónde vas con esa cara que te llega al suelo? - preguntó echándome un brazo por encima.
- Nada José, simple migraña. - mentí.
- Después te vienes, ¿no? A ver si convences tú a mi hermana...
- No creo, pero sí, dile a ella que a mi no me importa. Bueno, os dejo que poco os debe quedar para volver a subir. ¡Mucha mierda para este último tirón!
Su mano en mi cabeza despeinándome fue su respuesta.

Caminé de vuelta al hotel bajo la espesa niebla que adormecía a la ciudad con un intenso frío. Ese helor calaba en mis huesos hasta el fin de ellos. Cuando llegué a la puerta del hotel miré el reloj de mi muñeca. Daban las doce. El concierto estaba finalizando. Aún tenía tiempo más que suficiente para darme una ducha de agua caliente, colocarme ropa de abrigo y marchar hacia ningún lado. Subí a la habitación, y al entrar en ella, su aroma me inundó. Un olor a flores, flores frescas y llenas de vida. Rompí a llorar cuando sobre el colchón pude observar su camisón negro con encajes de seda. No pude controlar mi impulso de ir a por él, de abrazarlo y tumbarme en la cama acariciándolo. Como si todo eso no estuviera pasando. Como si no hubiera abandonado el concierto de la manera más miserable, con una simple nota y sin atreverme a mirarla a la cara.
Tras unos minutos con su ropa de dormir en mis brazos, su fragancia me calmó. Me levanté del que la noche anterior había sido nuestro nidito de amor, en el que nos habíamos querido hasta horas inhóspitas de la madrugada. Coloqué el camisón en el mismo lugar y de la misma forma en los que me lo había encontrado.
Me dirigí hacia el cuarto de baño de la pequeña Junior Suitte en la que nos alojábamos. Cuando los chorros de agua caliente comenzaron a recorrer mi cuerpo sentí como cada poro de mi piel comenzaba a descongelarse. Sentí la necesidad de recrearme bajo ese agua que me estaba dando la vida que la baja temperatura me había quitado.
Cuando salí de la ducha me paré a vestirme tranquilamente, a observar cada rincón que me rodeaba, que solo horas antes había observado como nosotras, entre sonrisas, nos desvestíamos mutuamente comiéndonos a besos. Unas lágrimas comenzaron a recorrer mi rostro, pero ahora, sobre mi ardiente rostro, parecían estar heladas.
Una vez que ya me había vestido y había vuelto a colocar cada cosa en su lugar, me dispuse a salir para coger la maleta, previamente preparada, para marcharme de aquel hotel.

Y, no podéis imaginar cuanto me maldije a mí misma, cuando crucé la puerta que daba paso al dormitorio y me encontré a Malú, con la nota en la mano, con todo el rímel en la cara todavía llorando, y aún con el último traje del show.

4 comentarios:

  1. Me encanta esta novela escribes de maravilla. Con muchas ganas de otro capi. Sube cuando puedas ;-)

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  2. Me encanta, espero que subas pronto el siguiente por que esta genial. Besos

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  3. Me encanta, sube pronto porfii

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  4. Hola, ¿cuando subiras?
    PD:me encanta tu novela


    besos

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