Llegué a casa desesperada. No sabía que hacer. Solo quería desaparecer. Notaba como mi corazón intentaba salir de mi pecho, desesperado. No quería compartir conmigo más tiempo. Se había cansado de latir por mi. Recuerdo que lloré, lloré como nunca antes lo había hecho. Lloraba desconsolada, pensando que nada ni nadie podría conseguir que volviera a coger las ganas que a penas una hora antes había perdido.
Me tumbé en la cama, desesperada, pensando que el cansancio de todo el día me haría dormir. Pero no, no pude. Fue imposible. Cogí el móvil, las once y cincuenta, es decir, lo que en otras palabras son las doce menos diez... Me armé de valor y decidí felicitarla a través de la famosa aplicación de mensajería instantánea WhatsApp.
Ada: Hoy, quince de marzo de 2013, hace treinta y un años que nació en Madrid una pequeña estrella, que conforme ha ido cumpliendo años se ha ido haciendo más y más grande; hasta tal punto, que ya no se conforma con España, y pretende cautivar con su voz y todo su arte a parte del extranjero, y sin duda alguna, lo conseguirá. Puede que hoy, el día del aniversario de tu nacimiento, sea algo difícil para ti. Siento toda la culpa que yo tenga. Mi intención era que pasaras el mejor día de toda tu vida, hasta hoy. Espero que la comida que tienes con tus hermanos y tus padres te haga sonreír, y que la prensa no te estropee el momento. Si quieres, me gustaría poder verte esta tarde. Ven a mi casa, o voy a recogerte, si quieres evitar el estar en tu casa. Deberíamos hablar, aunque después entendería que prefieras no volver a saber de mi. Gracias por hacerme vivir en tan poco tiempo estos grandes momentos. Un besazo desde este décimo primer piso.
Malú apareció en línea al momento, como si hubiera estado esperando el mensaje con el móvil en la mano, y con ello, los dos tick en mi pantalla. Esperé su respuesta, imaginando su sonrisa al otro lado del teléfono. Pero ésta no llegó. La artista salió de la aplicación, dejando ver esa tan famosa frase: última vez hoy a las 00:03.
Decidí entonces salir de la aplicación y apagar el móvil, en unas cuantas horas amanecería, y sería un gran día, para bien o para mal.
Me desperté sobresaltada, alguien, al otro lado de la puerta que permitía el acceso al edificio, tocaba el timbre como un erngúmeno. En cierto modo, mi corazón estaba esperanzado de que ese energúmeno fuera Malú.
Me levanté de la cama como alma que lleva el diablo, y me dirigí hacia el telefonillo.
- ¿Diga? - pregunté restregándome los ojos con la palma de la mano, muerta de sueño aun.
- ¡CARTERO COMERCIAL! - gritó al otro lado.
Miré con mala cara al aparato que segundos antes había tenido sujeto en la oreja con mi mano, y colgué.
Fui a la cocina a prepararme el desayuno, pero cambié de opinión al ver que en el reloj de la pared las agujas marcaban las dos y cuarto. Preferí prepararme la comida, y como no tenía ganas de cocinar pero sí hambre, abrí un tupper que contenía lasaña congelada que mi madre había preparado para mi. Era difícil convencerla de que ya llevaba unos cuantos años independizada y sabía cocinar. Pero en esos momentos lo agradecía. La saqué de su envase contenedor y la coloqué en un plato para introducirla en el microondas. Esperé a que se hiciera mientras preparaba la mesa para comer en el comedor, y cuando terminó, me dispuse a comer. Y aunque hasta el momento no me lo había quitado de la cabeza, decidí encender el móvil, deseosa de una respuesta a mi mensaje de la noche anterior de Malú. Cuando cogió completamente la cobertura y cargó completamente el teléfono, comenzaron a entrarme los mensajes de WhatsApp, pero para mi desgracia, al bajar la ventanita del teléfono, su nombre no aparecía. Y aunque me desilusioné, al momento la ilusión me volvió a llenar en un momento.
Malú: Muchísimas gracias Ada, he de admitir que aunque cuando lo leí no pude contestarte porque no me sentía con las fuerzas necesarias, me sacaste la mejor sonrisa que me podían haber sacado. Y a mí también me gustaría verte hoy y poder hablar tranquilas las dos. Pasa a recogerme a las siete y media por mi casa. Un gran beso. Y que sepas que te echo de menos.
Una lágrima de emoción salió desde mis glándulas lacrimales Miré la hora que marcaba mi móvil. Aún me quedaban algo más de cuatro horas; las mismas que utilicé para volver a abrir la caja que contenía el regalo de la artista, darme un bañito relajante para despejarme, y arreglarme, sentía unas ganas enormes de sorprenderla. Y lo llevé todo a cabo por orden, conforme lo había pensado.
Primero abrí la caja y observé que cada una de las piezas que había en su interior estuviera debidamente colocada, para a continuación, volver a cerrarla y envolverla de nuevo en el papel de regalo.
Seguidamente me desnudé de camino al baño, y mientras dejaba que la bañera se llenara de agua templadita, me dirigí a mi habitación a elegir la ropa que me pondría. La elección fue una blusa de color negro y unos pantalones pitillo de color blanco, junto con unos tacones bajitos, y decidí que me ondularía el pelo. Cuando terminé de todo, miré el reloj. Y vi que marcaban las siete menos cuarto, por lo que decidí salir de casa y poner rumbo hacia su hogar.
- Hola... - dijo casi en un susurro y muy sonrojada, al subirse al coche.
- ¿Cómo que hola? Muchísimas felicidades, que ya te estás haciendo mayor. - dirigí mi mano hacia el lóbulo de su oreja.
- No, no, no no, y no. - dijo apartándose de mi, - Nada de más tirones en, que a este paso Dumbo a mi lado se va a quedar sin orejas. Y no soy mayor, soy muy joven. - rió. Y yo con ella.
- Estás en la mejor edad. - contesté mirándola con una sonrisa pícara.
Durante el trayecto a mi pequeño pisito aclaramos las cosas. El día de antes había sido catastrófico y las dos nos habíamos alterado sin deber, y lo sabíamos.
- Pero que sepas que si no hubiera sido por ese mensaje de anoche, no hubiera venido. - dijo cerrando la puerta y colocándose en la puerta de mi edificio.
-Ya... - contesté sin creerla..
Subimos a mi hogar y le hice buscar la caja del regalo con una serie de pistas. Como premio cuando lo encontró (pues a decir verdad, no tardó demasiado. Mi piso era demasiado pequeño.) abrí una botella de Champagne con un par de copas para brindar, y un par de cupcakes con una vela encima de cada uno; en la que le entregué a ella, coloqué el 3 ya encendido, y en el mío que coloqué también a su lado para que soplara los dos, el 1.
- Pide un deseo. - le recordé cuando acabé de cantarle la canción del cumpleaños feliz.
Me miró,y comencé a perderme en sus ojos tan profundos. Y, tras casi terminarnos la botella que unos minutos antes había sacado del frigorífico entre risas, me besó; haciendo que me inundara una gran oleada de emoción. Abrí los ojos mientras nos besábamos y observé su rostro, tan precioso como siempre, pero entregándose libremente. Volví a a cerrarlos, y me dejé llevar por ella, que parecía tener unas ganas inmensas de entregarse.
Mis manos atacaron su cintura, haciendo que se erizara por completo, y ella no me dio tregua. Decidió quitarme la camiseta y atacar con su boca mi cuello. Suspiré y a ella le entró la risa.
- Sh... - me silenció volviendo al ataque.
Me deshice de su camiseta, y para su sorpresa también retiré su sujetador, facilitando así el paso de mis manos a su pecho. Malú soltó un pequeño gemido cuando rodeé con mis manos sus pechos, y con mis pulgares acaricié sus pezones. Y os juro que ese sonido es el más bonito que he escuchado en toda mi vida. Ella no tardó en retirar de mi piel mi sujetador, y no tardó en hacerme delirar cuando atacó mi pecho con su boca. Me entretuve con mi mano izquierda en su cintura mientras que con la derecha desabrochaba su pantalón.
- Vamos a tu habitación.- dijo colocando su boca sobre mi oído para al terminar la frase, morder el lóbulo de mi oreja.
Rodeó con sus piernas mi cintura y yo puse mis manos bajo sus piernas, para levantarla. La llevé hasta la cama, donde la tumbé besándola y fui bajando mis caricias y mi boca hasta su cintura, donde terminé esa secuencia de besos y retiré su pantalón y su prenda más íntima.
Acaricié con la palma de mi mano su entrepierna, y rocé su sexo con cada uno de mis dedos, subiéndolos nuevamente a su pecho.
Ella se deshizo de mi pantalón mientras mordía suavemente mi pecho, haciendo que me estremeciera como nunca antes lo había hecho. Me hizo delirar acariciándo reiteradamente mi sexo. Me dio una vuelta rápida, colocándose encima de mi sin a penas darme cuenta de como lo había hecho. En ese momento quería dominar ella, y yo quería que ella dominara. Me dejé hacer a su antojo. Volvió a mi boca, devorándola con pasión, mientras me acariciaba de arriba a abajo. Coloqué mis brazos por encima de su cuello, colocando mis manos en su espalda, recorriendo con la punta de mis dedos, su suave piel.
Y nos perdimos una en el interior de la otra en el mismo instante, haciéndonos delirar una y otra vez, hasta caer agotadas una junto a la otra.
- El mejor regalo de mi vida. Deseo cumplido. - dijo aún jadeante, intentando recuperar la normalidad de su respiración.
Y yo... Yo me limité a volver a contemplarla antes de volver a atacar su boca y su cuello.
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